Situación: Fin de semana, amanece, saliste vestida de fiesta; ahora estás sentada en la playa, con los pies apenas enterrados en la arena todavía un poco tibia, de frente al río que golpea y salpica su olor en la costa. Los pajaritos empiezan a invadir la luz tenue en el horizonte. Cerrás los ojos. Por la derecha te acaricia apenas una brisa que trae el murmullo lejano de la ciudad adormilada. Respirás hondo (respiras)... Otra vez. Abrís los ojos: ¿Dónde dejaste la Tarjebus?
Bienvenidos a mi pueblo...
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07 abril 2015
05 abril 2015
Murmuran las gotas su humor replicado en el techo, las hojas, los charcos del suelo. Tras la cortina clara, la ventana humedecida borronea el frío verde de afuera, condenado ya por el cambio de estación. Llueve cancinamente. ¿Qué habrá pasado con los pitogüé que tenían su nido acá cerca? ¿Por qué no cantan, no hacen gárgaras siquiera? Tanto habrán crecido... Tiembla un trueno bobo, perdido en las postrimerías de la tormenta que fue hace horas, que ahora es lluvia mansa. ¿Qué será de la vida de aquel carrero que estaba anoche en esa esquina cuando el último colectivo pasó por ahi, y la llovizna seguramente ya le traspasaba el viejo pullover? La lluvia se vuelve un poco más fuerte. La gata, que percibió cierta lucidez en las cejas que temblaron por la reflexión, se acerca con refriegos por afuera de la colcha. ¿Qué será de esa antigua casona roída por el abandono, que hasta ayer parecía derrumbarse de un todo? ¿Qué habrá sido en esta noche de lluvia insensible, que solo sabe de golpear y no pide permiso? El ruido sube, más copioso ahora. Un auto se escucha furtivo por la calle encharcada. Otro trueno acompaña al primero, y un tercero se cuela enseguida, más cerca. Tres son multitud, y renuevan la condición; afuera las gotas hacen burbujas en los charcos, anuncian agua para rato. ¿Qué será de aquel amor, que solo unas semanas atrás se despedía con el verano? ¿Lloverán en su mente reflexiones tormentosas por estas horas, o se hundirá en la almohada en otro sueño inducido pero despreocupado, como una novela rosa? La gata ronronea sobre los pies al borde de la cama, se enrolla y aprieta los ojos. Ya se desaguó medio domingo y la pachorra no se gasta.
© 2015 DIEGO PETRUSZYNSKI
05 marzo 2015
Agente "L"
AMPLIAREMOS.-
© 2015 DIEGO PETRUSZYNSKI
05 enero 2015
Era un país curioso, la mayoría de la gente inteligente dependía de un grupo de idiotas, era asombroso observar cómo este grupo de idiotas supervisaba, controlaba y dirigía la suerte de los talentosos.
Lo increíble es que el sector de los inteligentes, para contentar a los idiotas, comenzaron a empobrecer sus ideas, porque el grupo de idiotas no las entendían y así poco a poco los talentosos comprendieron que la única manera de progresar en esa comarca era tratar de contentar a los idiotas transformándose poco a poco en idiotas.
La idiotización de la comarca llegó lente e inexorablemente. Lo curioso es que este proceso no fue percibido por los talentosos, de manera que la idiotización paulatina fue un proceso que algunos contemplaban incluso con alegría.Las ideas cada vez más idiotas de los talentosos producían una enorme aceptación de parte de los idiotas, que premiaban a los talentosos idiotizados con cargos cada vez más prestigiosos.
Fragmento de la obra de teatro El Cardenal (1992), de Eduardo Pavlovsky.
© 2015 DIEGO PETRUSZYNSKI
14 diciembre 2014
- ¿Abuelo, por qué somos de Racing?
Preguntó de repente alguien en la mesa de Año Nuevo. Silencio. El abuelo Miguel, patriarca de un clan de cuatro generaciones de hinchas de la Academia quedó pensativo unos segundos.
- Por un perro -dijo-. Racing se llamaba un perro que teníamos en Cerro Azul, y cuando vine a Posadas a los 12 años, en el barrio todos jugaban al fútbol y todos eran de algún equipo: de River, de Boca, de Independiente. Cuando me preguntaron de qué equipo era yo me acordé de mi perro.
Ante la mirada atónita de todos, agregó:
- Sabía que Racing era un equipo conocido, pero nunca había visto ni escuchado un partido si en la chacra ni radio había.
Así que ahí tienen, de la Academia hasta las pulgas..!
© 2014 DIEGO PETRUSZYNSKI
16 junio 2014
© 2014 DIEGO PETRUSZYNSKI
01 mayo 2014
27 abril 2014
© 2014 DIEGO PETRUSZYNSKI
16 marzo 2014
¡Che Alvear se hizo carne! O mejor dicho, papel. Así es, algunos de los mejores (?) textos que engalanaron y engalanan este blog fueron a prensa, editados por el mismísimo autor, y hoy forman parte de un libro.En este post de Taringa pueden ver el paso a paso de esta experiencia
http://www.taringa.net/posts/hazlo-tu-mismo/17651651/Hice-un-libro-y-te-lo-muestro.html
Y aquí pueden descargar el propio bicho pero en .pdf
http://http//es.scribd.com/doc/212550578/Cuentos-pasajeros-y-otros-DIEGO-PETRUSZYNSKI
Gracias por pasar siempre por acá y alentar, aunque sea con sus silencios, estas ganas de transmitir. Se lo dedico a la humanidad toda (mirá si me voy a achicar). Saludos a todos!
© 2014 DIEGO PETRUSZYNSKI
11 marzo 2014
El periodista primero la consume, la mastica, la saborea, la deglute. La información se procesa, se digiere, se extrae lo mejor de ella, hasta que después de un rato hay un producto que está pidiendo para salir -producto, de un gran esfuerzo-. Es allí donde entra en juego el papel.
Entonces llega el momento en que se la puede revisar, observar minuciosamente, buscar el detalle; pero al final se la tira. Enseguida se nota que es efímera: al fin y al cabo padece de vejez inmediata.
Al día siguiente sucederá lo mismo. Pero chake, ¡menuda preocupación si un día no sucede! Aunque algunos la califican de desagradable, surge de un proceso totalmente natural, ergo, saludable. A cuidar el olfato -periodístico- y a no huirle al mal olor, que peor es no enterarse.
© 2014 DIEGO PETRUSZYNSKI
Cuando pagamos por una revista, un diario, un libro, ese valor no sólo cubre el costo material del producto, sino que un cierto porcentaje corresponde a los derechos del autor. Es decir, cada obra-invento que se vende legalmente, es lucro para quien lo creó y/o lo distribuye. Esta regla básica del mercado no excluye al software.
Sin embargo, en Argentina (como en la mayoría de los países en vías de desarrollo), la piratería informática está a la orden del día, y al parecer, no nos molesta. Quizás no nos parezca tan inmoral utilizar, consumir, productos protegidos por derechos de autor pero que han sido oportunamente pirateados mediante copia, modificación y/o distribución ilegal.
El software privativo por excelencia es el sistema operativo Windows, de la empresa estadounidense Microsoft, propiedad de Bill Gates (empresario que llegó a ser el hombre más rico del mundo a finales de los años 1990 y principios del 2000).
Windows, y la gran variedad de software producido por Microsoft, encabezan la lista de software pirateado. Es muy probable que la PC que usted utiliza en su casa cuente un Windows ilegal, o más de un programa o aplicación en estas circunstancias.
Pero, si el software privativo no es la única alternativa, ¿por qué lo seguimos utilizando? Porque desde el comienzo mismo de la informática personal, cuando la computadora casera era un mero hobby, ya existía el software colaborativo, que más tarde devino en lo que hoy conocemos como software libre o licencia GNU/GPL.
Si contamos con esmerados productos que son totalmente libres para utilizar, copiar, modificar, distribuir, que son de excelente calidad y brindan las mismas o superiores prestaciones con respecto a ciertos softwares privativos, la pregunta surge nuevamente ¿por qué seguimos usando estos últimos? Y la respuesta es fácil: por comodidad.
Salvo algunas muy pocas excepciones (que desconozco, pero intuyo), en la mayoría de los ámbitos donde se utilice o se enseñe computación, este término es totalmente indisociable de las palabras Windows, Word, Internet Explorer, Microsoft y similares. Son todas palabras que refieren a software privativo, es decir, que se venden bajo una licencia o contrato de utilización.
Si usted compra un libro, una novela, un cuento ¿debe pedirle autorización al autor para prestárselo a su vecino? Y si usted quiere resaltar pasajes del texto con un fibrón, ¿puede hacerlo o debe pedir autorización? No, no tiene por qué hacerlo, porque desde el momento en que usted lo adquiere, ese producto es suyo.
Obviamente no puede copiar y atribuirse la autoría de esa obra, eso es ilegal. Pero el software de licencia GNU/GPL es libre de copia, modificación y distribución. O sea, que usted puede tomar un programa de software libre, modificarlo, agregar su nombre a la lista de autores, traducirlo, mejorarlo, copiarlo en un CD o cualquier otro medio o soporte, o transmitirlo vía internet, y regalárselo a quien usted quiera, sin ningún prejuicio para el autor original.
Quienes se encuadran en la filosofía del software libre, no tienen por objeto el lucro, ni mucho menos la dominación del usuario por parte de un código cerrado y privativo. Esta filosofía promueve la solidaridad y la humildad, pues se considera que quien tenga aptitudes como para mejorar nuestra obra, puede hacerlo perfectamente y distribuirla bajo su nombre, siempre respetando y señalando la procedencia del producto original, por una cuestión de honor meramente.
El software libre es moralmente correcto. No se piratea, se comparte de corazón y sin restricciones. El software privativo promueve el individualismo y lucra con la falsa venta de productos, que en realidad no pertenecen por completo al usuario, sino que la empresa que lo codificó se guarda la llave para retocar, modificar o arreglar el software.
Los usuarios de software libre tenemos la conciencia limpia, no robamos a nadie. Usted, ¿está regla con la ley?
© 2014 DIEGO PETRUSZYNSKI
10 marzo 2014
GénesisCierto día el Señor percibió su existencia un tanto pululante por un éter de rancio aroma, y recordó viejos tiempos, los primeros, cuando libró su gran gesta fundacional del cosmos y el edén. Entonces, sintió el Señor deseos de volver a experimentar el placer de aquel poder creador, aunque sólo sea para afinar el extremo de una banal y fuitiva insistencia. Se dispuso el Señor a pesquisar un sitio impoluto, digno de ser impregnado por su toque, así como el consagrado escultor busca un puñado de barro para moldear una delicada figurilla. El Señor halló en buena hora un lugar, lo recorrió con todos sus sentidos en todas sus dimensiones, y lo calificó de muy bueno. Allí se dispuso pues a separar las aguas mansas y cristalinas de las turbias y presurosas; a las primeras llamó Aguapey, y a las segundas Uruguay. Separó las tierras en grandes masas, las rojizas al norte y las negruzcas al sur, y allí en el lugar hallado formó la frontera, marmolada, e incluyó también blancas arenas y áureas arcillas. Propició el sitio para que el verde predomine en el paisaje, desde el raz hasta en las alturas con frondosos árboles, y tomando al arcoiris lo tomó y lo convirtió en coloridas y variadas flores y frutos. El Señor se detuvo por un momento, buscó perspectiva, observó lo que venía haciendo y le pareció bueno. Entonces decidió poblar aquel nuevo edén con seres andantes; comenzó por los más libres, las aves, y no escatimó en ellas. Pero abundó también en otras tantas especies, de insectos a peces, que hasta le dio al lugar roedores de los más grandes jamás creados, entre otras maravillas. El Señor volvió a observar lo que había hecho y le pareció aún mejor que antes. Finalmente el Señor decidió que ese lugar era apropiado para que lo habiten seres a su imagen y semejanza, y les permitió a ellos allí afincarse, con sus pertrechos y sus costumbres. Pero a estos seres los hechizó, les impuso el deseo de volver siempre a ese sitio cada vez que se alejaran. Volvió a observar el señor, por tercera vez, lo que había hecho, y sintió que era suficientemente bueno, se sintió satisfecho. Los que por gracia de él a ese sitio llegaron, lo conocen como Alvear, pero no todos estaban al tanto, ahora sí, de que en realidad es una obra divina en la Tierra, inspirada en el paraíso mismo.
© 2014 DIEGO PETRUSZYNSKI
Qué habrán visto tus ojos, señora, qué habrán visto. Qué sustos habrán desteñido esos cabellos, qué historias habrán ajado esa piel, qué pasado indecible llevas en tus labios, qué pasado. Tanto cielo en tus ojos, cielo que alguna vez no te dejaron ver, que te arrancaron junto con tu futuro, qué futuro. Pero cuánta esperanza anida en lo hondo de tu mirada, cuánta candidez esboza la sencillez de tu sonrisa, siempre buena con tu andar cansino, eterno, pensativo y amable. Loca te decimos sin saber, pero loca te decimos con cariño, loca linda, Amalia, personaje, historia viva de mi Alvear.*Amalia Figueredo, alvearense, estudiante sobresaliente de Ciencias Económicas de la UNNE, fue secuestrada y torturada por un grupo comando durante la última dictadura militar. Sobrevivió. Su hermano Raúl corrió otra suerte: es uno más de los detenidos/desaparecidos de la historia argentina reciente.
© 2014 DIEGO PETRUSZYNSKI
Viajar viajando
Todo viaje comienza en la mente: entre pensar en lo mínimo e indispensable, preparar los menesteres necesarios, prever situaciones, desear situaciones, planificar la ruta, intuir experiencias, desafiar peligros, enfrentar desafíos, respirar aventura, sentir paso a paso lo que todavía no sucedió -y quizás nunca suceda- para finalmente darse cuenta de que todo estará librado al azar... Poder imaginarse todo eso sin siquiera moverse del lugar significa que el viaje ya comenzó. Lástima que la mayoría de las veces, allí donde comenzó, terminó. Ese mundo recorrido, visto con los ojos cerrados, nunca fue sentido con las manos, nunca fue real. Pero a no decaer, a fin de cuentas la imaginación es la más barata y a veces satisfactoria agencia de viajes; lo importante es que el espíritu de salir a conocer, la curiosidad, está allí, escondido detrás de los ojos. Es cuestión de incentivarlo a que pierda la timidez, abandone su escondite, a que salga, corra y grite "¡piedra libre!". Puede ser hoy, ya mismo, como mañana, el mes que viene o dentro de diez lustros. Mientras, a seguir imaginando. ¡Salud, viajeros imaginarios!
© 2014 DIEGO PETRUSZYNSKI
01 marzo 2014
Recuerdo haberla visto por primera vez sentada en un banco de la parada de en frente, esperando su transporte. De más está decir que era hermosa. La postura recta, gallarda, las manos juntas entre las rodillas, la mirada hacia un costado, mentón levemente alzado, sonrisa discreta constante; la mirada lejana pero atenta, cautivante en su conjunto. Un día la vi vestida de celeste, otro día de verde claro, pero evidentemente el beige era su color preferido. Era perfecta, demasiado, tanto que me intimidaba. La sentía tan lejana e inalcanzable. Día tras día, durante semanas, la veía y la contemplaba, intentaba convencerme de que no era de otro mundo, que no cayó del cielo, que era terrenal. Pero no podía, no podía creer que una criatura tan delicada pudiera coexistir con nosotros, simples mortales. Me faltaban evidencias para hacerlo. Más semanas y hasta meses me pasé así, mirándola de lejos, elucubrando. Hasta que un día, un día inusualmente caluroso de otoño, recuerdo, en mi habitual contemplación de cinco o diez minutos que compartíamos de espera noté un particular movimiento que me llevó a entender todo de golpe. De repente una bendición en forma de viento le acarició el rostro dibujándole olas en los cabellos. Con una elegancia admirable, realmente, sentada como siempre con las manos entre las rodillas, ella se inclinó levemente hacia un costado, extendió un poco más el cuello, la sonrisa se le apretó apenas acompañada de un gentil parpadeo, para enseguida acomodarse de nuevo a la posición anterior en relajado retorno. Jamás imaginé tal galanura y delicadeza para -¿echar?, no- ofrendar al éter una flatulencia. Un profano y mundanal gas. Prueba suficiente de que, como deseaba, estaba yo equivocado y sí, ella era de este mundo. Así fue como me acerqué a hablarle, por primera vez, y ese fin de semana compartimos unos mates con anís mientras hablamos... cosas sin importancia.
© 2014 DIEGO PETRUSZYNSKI
16 febrero 2014
© 2014 DIEGO PETRUSZYNSKI
27 enero 2014
© 2014 DIEGO PETRUSZYNSKI
08 enero 2014
Dicen los que hablan, que en cierta oficina de un funcionario elegido por el pueblo, ocurrió una confusión. El funcionario, que luego de cuatro años de fungir como secretario de primera línea fue adjudicado, digitocracia popular mediante, con la misión de desempañar el más alto cargo del pueblo. Su gran elector, mentor, ascendido a legislador, lo sigue asesorando. He aquí, que cierta vecina del pueblo acudió al ahora funcionario electo, heredero, a gestionar unos trámites dadivosos, como es común en los pueblos donde el esfuerzo y las oportunidades de ejercerlo escasean. Resulta que el funcionario, muy atento y condescendiente, escuchó la perorata de la vecina entusiasmado; voluntad que se juega, voluntad que se puede ganar. Pero la respuesta del funcionario desconcertó a la necesitada vecina: "Ahora cuando venga él, le voy a decir", "Cuando él venga lo vamos a solucionar", "Él no va a tener ningún problema, yo mismo le voy a hablar", siempre en referencia a su mentor, que ya no ejerce más la función que ejercía, sino otra, de otro rango y de otras atribuciones. La secretaria privada del funcionario, ese que antes era secretario del gabinete del que ahora es legislador, escuchaba apavorada el intercambio desde el pasillo del despacho. Cuando la vecina se retiró, un tanto confundida, después de la despedida amable y la promesa de gestión, la secretaria del exsecretario, actual funcionario, entró al despacho. La sonrisa estampada del funcionario, de oreja a oreja -gran sonrisa, por cierto- se enturbió cuando la secretaria se acercó y con discreción le recordó: "Vos sos ahora, no él". Sin querer poner en duda la animalidad política -siendo 'animal político' una expresión común hoy en día para referirse a los políticos de tesón y experiencia- del novel funcionario, el suceso lo lleva a uno a preguntarse: ¿qué lleva al pueblo a hacer asumir a alguien que no se asume a sí mismo? Aunque, para no hacer de un charco un lago, el furcio quizás fue solo parte de los gajes de un novato que esperaba dientes y ligó pan. Dicen, los que hablan, deportistas del trascendido.
© 2013 DIEGO PETRUSZYNSKI
10 diciembre 2013
Medir la pertinencia de un reclamo no es fácil, pasa más por el ojo del mensurador que por el fiel. Cada uno tiene sus motivos, para reclamar y para achacar ese reclamo, cada uno tiene su propia visión de qué es justo y qué no. Por eso, cuando el reclamo parte desde aquellos que deberían ser el ejemplo, el orden, la figura a seguir, el fiel mismo de la balanza, se complica aún más decidir en qué creer. Dicen que cierta vez a un comisario de un pueblo le había llegado la hora de jubilarse. Era de esos funcionarios más bien funcionales, en tiempos en que el mérito de alcanzar un cargo estaba estrictamente relacionado con la fidelidad a la divisa y casi para nada con la cantidad de luces con la que contara el aspirante. Al comisario le había llegado la hora, pero él no quería saber nada del asunto. Protestó una y otra y otra vez, estirando el trámite, hasta que en un momento tocó el final de la piola. Un delegado del Gobierno de la provincia llegó entonces a la comisaría de aquel pueblo alejado para tratar de convencer a ese hombre de la ley. Pensando que el anciano tenía temor a sentirse disminuido por pasar a ser un pasivo, el delegado comenzó procurando hacer entender al comisario de que una vez jubilado tendría tiempo libre para otras actividades de su interés. "¿Y para qué tiempo libre? ¿Si yo estoy bien así como estoy?", le respondió. Entonces, pensando que la preocupación quizás pasaba por otra cuestión, intentó hacerle entender de que su sueldo de jubilado le alcanzaría perfectamente para tener un buen pasar, lo que al fin despertó el verdadero motivo de aquella tozudez: "¿El sueldo? -preguntó el comisario- pero si el sueldo no me interesa, ¡lo que me interesa es el 'me llevo'!".
© 2013 DIEGO PETRUSZYNSKI
01 octubre 2013
Un verdadero lujo, evocando en cierta forma a las famosas ferias del libro que se hacían en Alvear hace más de 20 años.
Salud a los hermanos cruceños, felicitaciones y a seguir por más!
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© 2013 DIEGO PETRUSZYNSKI


