
Bienvenidos a mi pueblo...
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19 febrero 2009

30 enero 2009
Hola a todos. Aquí les transcribo un texto hecho en oportunidad de los 198 años de la creación de la Prefectura Naval Argentina, en un certámen organizado por la Prefectura Alvear.Gané el primer lugar en categoría Polimodal con esta redacción. Espero les guste, aunque es un poco 'melosa'.
Se lo dedico a todos los que de un modo o de otro se vieron vinculados con esta fuerza, ya sea por haber sido efectivos o por cualquier razón. Gracias por leer, Suerte!
A
Prefectura, ¿Qué es
Ejemplo y oportunidad para los jóvenes, que año tras año ven reflejados en tus filas las aspiraciones de un futuro de bienestar y soberanía.
Cuantos héroes silenciosos habrán portado tu insignia desde aquel 1810 en que con
Padre invisible, protector, presente en los más inhóspitos paisajes de frontera, luchando con la autoridad y el ejemplo, fuente interminable de orgullo, que hasta en los fríos más terribles de la perla austral usurpada, fuiste exponente de la bravura latinoamericana.
Crisol de fuerza, respeto e ideales, que escoges en la sociedad los moldes adecuados para formar soldados de sable y pluma.
Hábil anfibio, defensor en las aguas y en tierra, abogas por la soberanía, la educación y el bienestar del pueblo al que representas.
Todo argentino te debe más que un día para recordarte, pero reconoce que a los humildes no es necesario idolatrarlos día a día, ya que es tácito su merecimiento.
28 enero 2009
La Secretaría de Cultura de Alvear me va a dar una distinción como "Joven Sobresaliente dentro de la Juventud Alvearense", a ser entregada el día del aniversario de mi pueblo, 10 de Febrero.
Un verdadero honor, espero poder estar al margen de lo que significa esto. Se lo dedico a... quien corresponda? Bue... a todos los que conozco.
Muchas gracias también a quienes creyeron en mi. Gracias, espero aportar siempre en todo lo que pueda...
© 2009 DIEGO PETRUSZYNSKI
07 enero 2009
Los Derechos Humanos no son más que el conjunto de opiniones y anhelos que tiene el hombre acerca de su propia existencia en este mundo, plasmados de forma que involucre a todos, es decir, de forma universal. Luego del espanto que se llevó la humanidad con las atrocidades que comprobó ella misma podía cometer, haciendo un revisionismo rápido que culminó en el mayor genocidio de los últimos siglos, la segunda guerra mundial, el ser humano decidió declarar lo que considera sus derechos, los cuales adquiere y porta por el solo motivo de haber nacido y de ser un ser viviente y racional.
Habría que posicionarse en el tiempo para comprender cual o cuales fueron los detonantes e impulsores de esta declaración. Lamentablemente, la naturaleza humana provoca que ciertas personas, ya sea por ambición, conveniencia, gozo, etc., sometan a los que física, psíquica o socialmente considera inferiores. Así como existen los que someten y los sometidos, también existen los que defienden a ambos bandos y los que simplemente ignoran la realidad en torno a estos hechos. Comúnmente se define a esta situación de bandos como el bien y el mal. Esta clasificación existe gracias a lo que llamamos sentido común, aunque también es una cuestión de costumbrismos, ya que el llamado malo no precisamente es un deficiente mental, sino que quizás su entorno lo llevó a tomar sus propias apreciaciones de lo que está bien y lo que no. De todos modos, apremia la consideración que tiene el común de la gente, la cual opina, por citar un ejemplo, que matar es malo.
Si nos posicionamos en
La humanidad es representada en la firma del tratado de los DDHH a través de los Estados nacionales, es decir, del gobierno de turno de cada Estado. Es por ello que no todos los Estados del mundo existentes en ese entonces, se adhirieron al tratado. Debemos considerar que de haberse propuesto un tratado similar, doscientos años antes, seguramente no habría recogido la firma de ningún Estado, ya que estos se beneficiaban y subsistían de entre otras cosas gracias al trabajo esclavo; las religiones no católicas eran perseguidas, y la mujer no tenía igualdad de derechos. Todo es cuestión de ver en qué momento de la historia nos encontramos, y así podremos notar, al mirar hacia atrás, la enorme evolución que ha tenido el pensamiento humano.
Ligado íntimamente a los DDHH se encuentran los llamados crímenes de lesa humanidad. Por desgracia, la historia argentina posee varios claros ejemplos de lo que son estos crímenes. Sin embargo, siguen siendo controvertidos los argumentos, especialmente cuando se quiere definir cuales eran los bandos, es decir, quienes los buenos y quienes los malos. Es por eso que recalco, todo depende del punto de vista y del contexto histórico. De todas formas, es absolutamente indiscutible el hecho de que hubo vidas quitadas.
La declaración dice que el ser humano tiene derecho a la seguridad de su vida, sin embargo dice también que cada individuo tiene derecho a hacer de sí mismo lo que le plazca en su intimidad, sin que esto perjudique a nadie. En el caso de los consumidores de estupefacientes, por ejemplo, estas cláusulas se contradicen, y tanto ellos como quienes atacan el consumo, se amparan bajo los la declaración de los DDHH. Lo mismo ocurre cuando se habla del aborto, la pena de muerte o muchos otros temas más. Es sumamente controvertido el uso correcto de los DDHH en torno a la delincuencia.
A pesar del carácter universal de los DDHH, estos siguen siendo violados periódicamente en varios lugares del planeta, a través de gobiernos dictatoriales, terrorismo de estado, contaminación ambiental, etc. La humanidad aún no ha tomado conciencia del valor de la vida, especialmente por el hecho que quienes infringen la dignidad humana, en la mayoría de los casos tienen condiciones de vida plenas o satisfechas. En África, Asia y Latinoamérica, hay grupos humanos que viven en condiciones de sometimiento, trabajo esclavo y degradación. Sin embargo prácticamente todos países de estas regiones han pactado la declaración de los DDHH al ser miembros de las Naciones Unidas.
Entonces, ¿Qué se necesita para que la humanidad tome realmente con seriedad el respeto a la vida? Sin ser pesimista, es prácticamente imposible erradicar los males de una sociedad, simplemente por el hecho de que la naturaleza humana es de por sí destructiva, evolucionista. Mientras que un grupo de intelectuales idea un conjunto de normas con el objeto de perfeccionar la calidad de vida, todos asentimos, pero siguen habiendo personas que discriminan, golpean, o lastiman.
Es nuestra responsabilidad como ciudadanos del mundo velar por el cumplimiento de lo que consideramos correcto, tanto con el ejemplo como con la lucha, pero no debemos olvidar que los Derechos Humanos son para todos los seres humanos, por más pesar que cause. Logremos un mundo mejor con perseverancia; nuestros antepasados necesitaron miles de años para comprender lo que estaba correcto y lo que no, nosotros tan solo vivimos en un tiempo de transición, el reto está en ser constantes y aleccionar a nuestros hijos para que continúen divulgando nuestros ideales. Recordemos y aboguemos por quienes padecen los sometimientos y las degradaciones no solo en el aniversario de la declaración, sino todos los días, y cuando lo logremos, habremos aportado un granito más de arena a la causa.
21 diciembre 2008
¿HACIA DONDE VA…?
Camina cabizbaja, su detalle mal cuidado. Las piernas simplemente se arrastran acariciando ásperamente el suelo mientras que sus brazos, simples depositarios de su propio peso, son colgajos inmóviles que la acompañan a la par de su torso. Harapos rotosos son los que cubren su vergüenza.
Abriendo el plano, criaturas melancólicas, gastadas sus partes por el constante roce contra el pedregal que cubre el camino, gimen, murmuran, conspiran, se desangran, se aferran a su pierna. “¡Madre!”, le dicen, mientras los que más tiempo habían permanecido agarrados, cada vez con menos fuerzas se iban desprendiendo sin despedirse.
Ella no los mira, simplemente camina con sus ojos perdidos, nublados, como si mirara en su interior la proyección de sus recuerdos más fétidos, y hasta parece que de eso se alimenta. Recuerdos que se van acumulando tiempo tras tiempo en un círculo vicioso que solamente se expande.
Desfila por entre la gente, sus hijos también. Todos saben y al mismo tiempo ignoran el porqué de la desdicha de su madre. Los que se van arrastrados, convertidos en repugnantes seres, se arrepienten muy tardíamente de sus actos, antes de desprenderse; algunos ni siquiera lo hacen. Mientras tanto, ella solo sigue.
Los grotescos seres en los que se han transformado los parásitos que la acompañan prendidos, han sido tiempo atrás parte de los que ahora le miran pasar. Jamás se les ha ocurrido la idea de ayudar a sus hermanos o de atender a su madre. En ella, en su mente diminuta, no cabe el concepto de responsabilidad, lo ha perdido enviciándose con sus recuerdos, los que sus hijos aumentan constantemente.
De repente, uno de sus espectadores que se encuentra más adelante en el camino se desploma, y permanece inmóvil esperando el pasar de lo que considera su último transporte, y lanza sus garras sucias a las piernas desnudas de su madre para así permanecer un tiempo más, hasta su final. Es un grano de arena más en la pesada bolsa escorial de escarmientos.
Los hijos aún sanos no se percatan de que algunas de las acciones que ellos mismos cometen, los lleva a transformarse en el espectáculo que tanto temen, pero que no pueden dejar de observar. De entre ellos, algunos gozan de abundante comida, otros se comen a sí mismos. Algunos respetan la vida, propia y ajena, otros caen en el despilfarro, los vicios y la idolatría, llegando a lastimarse o lastimar a sus semejantes. No son ajenos a los peligros y el pecado de sus acciones, tan solo los niegan y no permiten que el ejemplo de paso a la prevención, pues eso significaría sanciones al libertinaje.
Quienes aún creen que los buenos valores significan salvación, son vistos como idiotas, y mientras los autodenominados inteligentes pasan por delante mirándolos con la ceguera típica del soberbio, se estrellan contra las marginalidades que los tontos pregonan evitar. No admiten la razón, les domina la arrogancia, ya que en tiempos anteriores el convencimiento de que nunca les ocurriría una tragedia, los llevaba a tentar el destino. Tan solo se prenden del recolector de penurias que transita eterno, y se van pensando en qué de su entorno ha sido el culpable, sin percatarse de que ellos mismos están en infracción.
Algún día se darán cuenta de que su madre, es creación de ellos mismos y no es más que un espejo del promedio de sus acciones. Algún día descubrirán, que con solo ayudar a sus hermanos, su madre se repondría, pues lo único que desea es el bienestar de sus hijos. Ella se llama Sociedad, y los hijos que arrastra, son sus problemas.
"A continuación, hará su presentación la décimo tercera promoción de egresados de la Escuela Agrotécnica José María Malfussi, quienes llevan el título de técnicos agropecuarios con orientación forestal.
Luego se fueron agregando nuevos compañeros, mientras muchos por diferentes motivos debían abandonar la carrera. Quizás de todos los que ingresaron allá en Paraje Pancho Cué todavía, éstos sean los más perseverantes, aunque quizás también, nada más sean los que tuvieron más suerte.

© 2008 DIEGO PETRUSZYNSKI
17 diciembre 2008

- ¿Vio usted vecina? Lo que inventa la gurisada para ganar unos pesos…
- Y sí… ¡Una guía de teléfonos sólo del pueblo!
- Aunque el librito este está bueno, ¿no?
- Pero más vale vecina. Fíjese que tiene hasta planitos de Alvear y todo.
- Y aparte tiene las letras más grandes que la guía esa que reparten. Para mí que soy media chicata…
- Sí vecina, que está lindo, está lindo. A mi me gustó por el tamañito ¿vio? Se puede llevar en el bolso lo más bien.
- Aparte no es cara… dígame si no vale la pena $5 por una cosa como esta.
- Yo ya estaba pichada de buscar “Alvear” en la guía grandota esa... Ahora hasta celulares puedo encontrar.
- Sí, de gente que los quiso publicar, todo bajo consentimiento.
- Otra cosa, ¡La cantidad de negocios que tienen su propaganda!
- ¡Sí! A mi me vino re bien, envés de ir al mercado a ver si tienen achuras, ahora les llamo por teléfono.
- La verdad que muy buena la idea, ¿no vecina? Ojalá que les vaya bien a estos chicos che...
- Lo mismo digo. Pero seguro que sí, porque es algo lindo para el pueblo...
- Bueno vecina, después seguimos la charla, porque van a decir que estamos inventando chismes.
- ¡Ay vecina! ¿Cómo puede decir algo así? Es que la gente habla tanta cosa ¿no?
- Así es, como lo de la chiquita ésta que el otro día... ¡Uy vecina! Mejor le llamo para contarle porque acá se pueden enterar.
- Listo entonces, quedamos así. ¿Y usted sabe mi número vecina?
- Pero por supuesto vecina, ¡Si está acá, en la Guía Alvear 2009!
- ¿En serio no? Bueno che, nos vemos.
- Nos vemos vecina, cuídese y que siga bien…
Una aclaración:
Generalmente, en mis escritos, especialmente los que publico vía impresión, instintivamente me refiero a mi en primera persona del plural, es decir, nosotros. Aclaro esto, porque no siempre hay quienes me acompañen, pero de igual forma, el sentido "corporativo" se me hace que queda menos pesado. Oh! Yo y mi humildad!
16 noviembre 2008
09 noviembre 2008
ESTUDIANTINA RURAL
Abigail estaba muy contenta, ella nunca en todos sus años de estudiante había logrado ser elegida reina de su curso, estaba que explotaba. Convencidísima de su cargo, estaba dispuesta a defenderlo con uñas y dientes, no se iba a dejar arrebatar la corona sin presentar lucha; pero claro, el destino había jugado a su favor ese año, desde que se cambió a la escuelita rural, era ella la única nena de su curso, aunque nunca estaba de más un poco de postura firme, sus compañeros podrían ser muy variables a esa edad, en segundo grado. Sin embargo Abigail tenía una gran ventaja frente a sus posibles contrincantes, era la hija de la maestra Adriana.
Ya en primer grado el asunto era diferente, las cosas se caldeaban un poco, aquí las nenas ya eran tres, y Evelin tenía mucha influencia en los directivos, ya que todos los días la maestra Fabiana le pasaba a buscar de la estancia para ir a estudiar, y eso la convertía en algo así como la “protegida”. Pero no todo estaba dicho, ya que alguna de las sobrantes podría ostentar el reinado de cuarto grado, por ejemplo, donde eran cuatro varones, y ya habían acordado, después de largas tertulias, que ninguno de ellos sería el coronado, sino que elegirían a alguna chica del primero, donde abundaban. Además, para la grata afortunada sería muy ventajoso demostrarle a Evelin que ella no necesitaba ser reina precisamente de su mismo grado, que estaba representando a uno mucho más avanzado, como que de más categoría.
Para tercero, quinto y sexto ya no habían tantas dificultades, ya que seguramente lo harían de la misma forma que lo venían haciendo los últimos tres años desde que la maestra Fabiana propuso hacer la fiesta de la primavera en la escuela, y ya las reinas estaban preseleccionadas de antemano, para fortuna o desgracia de las mismas; sólo habían una nena en cada curso. A alguien de sexto se le ocurrió, para variar un poco, seleccionar a la nena de primero que restaba, pero en deliberación decidieron que no podrían dejarse representar por una persona cuyos conocimientos no se explayaban más allá de la suma de dos cifras.
- Es más –dijo Carlitos– seguro que ni siquiera sabe la regla de tres simple.
Y Claro, tenía razón, aparte la banda que tenían pensado usar los chicos para su reina, seguramente le quedaría grande a otra, y era la del abanderado, Miguel, que no muy convencido se vio obligado a ceder cuando le amenazaron de dar rienda suelta a su caballo cuando llegue a la escuela al otro día. Firulete era un muy lindo alazán como para dejarlo ir por los campos ajenos, sabiendo de antemano que recuperarlo sería una tarea de riesgo; aunque conceder así nomás parte del símbolo que le había conferido
La fiesta comenzó a eso de las tres y media de la tarde, porque primero iban a dar un poco de clases. La maestra Adriana acercó el auto y puso su cassette de Bosque Chocolate, edición limitada de 1996. Se pudrió todo cuando el pasa cassette se trabó y no había caso de soltar la cinta, claro, un valiente el aparato, prefirió atragantarse todo con eso antes que hacer sufrir a los pobres chicos con “la farolera tropezó...”, “el payaso plim plim...” y similares; después dicen que las máquinas no tienen emociones.
Lo cierto es que, a falta música funcional, las maestras se vieron forzadas a gastar sus últimos mensajes de texto de promoción con los programas radiales de la emisora AM –la única que se oye por esos pagos-, y dándole la posibilidad a los chicos de elegir los temas. Se armó un debate tremendo entre los defensores del folklore correntino, y los del folklore porteño contemporáneo.
- El chamamé escuchamos todo el día –se refirió Gumersindo del quinto-, un poco de cumbia de vez en cuando no hace nada.
- Pero eso dice malas palabras, habla de guampeadas y cosa así –refutó el Cachito del mismo curso.
- ¡Ah! ¿Y “Ay Ruperta” qué es entonces? ¿Eh, qué es? –como tocado por el comentario, se defiende Pedrito desde el tercero.
Ahora, el asunto se les escapó de las manos, cuando al comité de emergencia formado por aquellos alumnos que no tenían marcas de golpes en la cara derivados de la situación, resuelve poner en reconsideración el asunto de la música, nuevamente con las maestras.
Lo sorprendente del asunto fue la facilidad y la rapidez con la que los pequeñitos aprendieron los célebres pasos de Michael Jackson, Jhon Travolta y otros grandes de los ’70 y ’80 –como era de esperarse, las maestras solicitaron sus músicas-.
La fiesta se prolongó hasta altas horas de la tarde, hasta eso de las 5:00, 5:30, después de haber elegido a
- ¡Ella no puede, no es de ese grado! –protestaban los del sexto, que también estaban seguros de vencer con su reina que se vino hasta maquillada con los labiales que había logrado conquistar de su madre-.
- Sí, sí, puede sí –reacciona el Intendente mientras otorga el premio a la vencedora quien ya está tirando besitos a la multitud desde su tordillo mientras desfila por el patio de la escuela-.
Abigail y Evelin, por entonces, se unían en un solo berrinche mientras zapateaban y rodaban por el suelo, hasta percibir las carcajadas de sus colegas y maestras. Sin embargo, al día siguiente saldría a la luz que la madre de la joven e inocente Florencia, había sido una vez novia del Intendente. La olla se destapó cuando esa mañana la mamá fue a contestarle con una bofetada el “saludito especial” que le había transmitido su hija de parte del señor ese.
Las otras reinitas ya estaban a punto de protestar al enterarse de las últimas novedades, cuando también les llega a oídos que en el campo donde trabaja la familia de Florencia, donde había nacido un ternerito hace no mucho, lo vieron al mismo muy peinadito y cepillado, y con un moñito rosado en la cabeza. Dedujeron con efectivos fundamentos, que el kit de peluquería ya había sido estrenado.
Nota:
Cualquier parecido con la realidad, es intencionalmente mera coincidencia.
DURMIENDO CON EL ENEMIGO
Esos bichos me tienen podrido. Al parecer, están entrenados para el combate aéreo, son una especie de kamikazes diminutos que se atreven a las más rimbombantes maniobras acrobáticas mientras fijan su blanco en algún punto desnudo de la piel de su víctima, o sea nosotros.
Pienso que, de ser un poco más grandes, los mosquitos dominarían la humanidad, al igual que se dice por las hormigas, pero no por el hecho de ser más organizados o más afanosos en sus labores, sino porque tendrían estresados a las personas, a tal punto de producir el abandono de las ciudades y del campo, y hasta incluso suicidios masivos.
Fíjense y corríjanme si me equivoco. Son perfectas máquinas bélicas; parece que nunca se cansan, son miles y ni siquiera se preocupan por rescatar a los caídos en combate, lo que demuestra un carácter duro y marcial. Pueden mantener vuelo por varias horas y tienen perfecta preparación para las maniobras nocturnas –aunque los hay de los dos modelos: nocturnos y diurnos, o sea que pueden combatir las veinticuatro horas del día-.
Tienen un sorprendente poder intimidatorio, son los precursores de las armas sónicas. Pueden hacer sentir los más variados matices de desesperación y estrés a una persona con el sólo hecho de hacerse presente en una habitación y desplegar sus alas en función de amedrentar a sus víctimas y prepararlas para el penoso trance que sufrirá, mientras el malvado victimario se mofa vilmente de su arrogante preponderancia. Aparte de ser un hábil guerrero, queda demostrado que no padece de ningún remordimiento al torturar y al hacerse con nuestro fluido vital cual fuera un vampiro, y todavía dejar su marca, como su sello, enalteciendo así un hito perverso al episodio.
Contaminados por el odio de la picadura, con las cicatrices del combate aún a flor de piel, literalmente, nos vemos totalmente impotentes ante tal maravilla de la ingeniería insectívora. No tienen compasión, no se preguntan si tuvimos un día agotador, si tenemos problemas de insomnio, si nos estamos derritiendo de calor porque cortó la luz y no funciona el ventilador, obligándonos a prescindir de la protección de la sábana; no, no sienten ningún tipo de comprensión, a ellos sólo les interesa llevarse su trofeo de guerra. Ellos, que irónicamente se llevan nuestra sangre aún portadora de nuestro calor corporal, tienen su propia sangre tan fría como el peor de los torturadores, asesinos y déspotas de la historia.
Eluden intrépidamente nuestros infructuosos manotazos, uno de los únicos medios ecológicos que tenemos de intentar salvar nuestra integridad física. Se esconden en los lugares más insospechados y soportan hasta las más bajas temperaturas de nuestro aire acondicionado, cuando funciona. Tienen el don del asecho, pueden esperar a su presa durante horas, pero una vez que ésta apaga la luz y amaga con entrar en el subconsciente, es avasallado repentinamente por estos espartanos de los insectos.
¡La puta carajo! Se oye de repente, y el ruido de la expresión da paso a los zumbidos, como si el grito hubiera sido ¡Prendan los motores! O, ¡Al ataque que aún vive! Y así se lanzan uno tras otro en picada desde las grietas del cielorraso y de atrás de las cortinas y los muebles. Interminable caravana de guerreros como si fuera un espectáculo aéreo de acrobacias.
La presa ha sido sucumbida por el pánico y la desesperación. Intenta protegerse, se pone de costado, se tapa hasta el cuello y más arriba, deja apenas un orificio para la nariz, y en ese momento es cuando se produce el ataque de la deshonra, en ese mismo lugar, ellos lo pican. Nuestros oídos, ya afinados por los años, captan los susurros agudos del adverso, que a modo de advertencia navega a escasos milímetros de la dermis de la oreja, causando la pavorosa sensación de impotencia que se genera al lanzar la sábana hacia un costado con el brazo mientras que al mismo tiempo, y a fines de ahorrar movimientos, el otro brazo acompaña el sentido de la fuerza con la palma abierta – como un puma virando en el aire al atacar -, y que se cierra de repente en un punto del espacio aéreo de la cama... parece sentirse el calor de nuestra propia sangre ahora escurriéndose del cadáver de su captor, la sensación placentera de la venganza, la dulce venganza, pero... cuando la mano se abre lentamente a modo de suspenso cinematográfico, nos encontramos con que allí no ha pasado nada, que todo fue mera ilusión, que nuestra mente nos había jugado una mala pasada, y cuando nos volvemos a esperanzar, ya producto del delirio, y nos proponemos creer que lo que aplastamos era algún espectro chupa sangre que se evapora cuando fallece, que nosotros no erramos el esfuerzo invertido en aquella maniobra que casi nos hecha de la cama al suelo... nos damos cuenta que él allí sigue, en la misma habitación, como el macabro asesino que se encierra junto a su víctima para contemplarla mientras ésta deja sus últimos alientos al mundo mortal, arrojada en el suelo humillada por el acto de dejarse arrebatar su tesoro más preciado, la vida – en nuestro caso el honor.
¡La puta carajo! – resuena otra vez y esta vez se oye hasta en la calle -. Ahora son más los cómplices que se adjuntan al espectáculo como si la entrada fuera libre, al igual que la consumición. Espirales y pastillas para encender, venenos y repelentes en aerosol, repelentes supersónicos: nos dejan mareados, con alergias nasales, casi sordos, pero aún picados.
La noche se hace interminable, el sueño no llega, cada vez que cerramos los ojos, se nos abre un nuevo orificio en la piel, inclusive en las más duras callosidades de los talones, sus picos perforadores que penetran sigilosos y en fracción de segundos se llevan su botín mientras dejan cual escoria o rastrojo la picazón que persiste junto con la amargura hasta la noche siguiente.
De vez en cuando, festejamos como niño con juguete nuevo cuando nuestro esfuerzo se ve recompensado, y se exhiben ante nuestros ojos las retorcidas patitas y el inutilizado pico de un cadáver envuelto en nuestra sangre, descansando por última vez en nuestra palma. Si aún le quedan rastros de vida, disfrutamos maquiavélicamente mientras lo vemos suspirando y exhalando el último aliento de una vida dedicada a la tortura. Pero así y todo se manifiesta en su milimétrico rostro la expresión de patriota para con su especie, convencido de haber cumplido con su deber, y orgulloso de haber muerto en combate y a manos del enemigo, y no de viejo, inútil, ya sin volar y con nada más que recuerdos de una vida de héroe. Sus compañeros desfilan uno tras otro cercanos al peligro de mi ahora aumentada sagacidad, dando sus últimos responsos al compañero, pero con la convicción de que esa era su voluntad y la voluntad de todos, haciendo caso omiso a las intenciones de recuperar el cadáver, y dejándolo como abono del campo de batalla que quedará para siempre glorificado por su accionar.
Y entonces se detienen por unos instantes, cesan el combate por unos minutos brindado honores al compañero, reunidos en ronda, alitas con alitas en algún rinconcito recóndito de la pieza, hasta que comprenden que la única forma de homenajearlo como se merece es seguir la lucha hasta la muerte, para desgracia nuestra.
Llega el amanecer. Cuando suena el despertador, la sensibilidad sonora que poseemos nos eriza los vellitos de los brazos, y el sol que se escabulle por las persianas a través de sus rayos penetrantes como alfileres, nos anuncian que una nueva jornada comienza. Esos mismos rayos que alguna vez iluminaron a los más grandes generales montados en sus nobles corceles mientras un artista que al pasar por el lugar decide inmortalizar el momento en un lienzo, ese mismo sol nos encuentra ahora montados sobre nuestro lecho, con una chancleta en la mano y un Raid en la otra, con ojeras oscuras como la noche misma, con la mirada puesta en la nada, pero con la sonrisa irónica de la victoria parcial, la que nos hacen creer mientras se disponen a descansar todo un día hasta que al amparo de las sombras noctámbulas, vuelven a la vida cual vampiros y asechan nuevamente la mal charqueada epidermis del humano, fuente inagotable del néctar carmín de la vida.
© 2007 por diego petruszynski


